Una semana después, ninguno de los dos parecía visiblemente enfadado, pero tampoco eran los de siempre.
No había tenido tiempo de reparar las cosas entre nosotras, pero pensaba que todo volvería a su cauce cuando Layla y yo empezáramos a vivir juntas en nuestro nuevo apartamento.
Nuestro apartamento,donde todo volvería a ser como en la uni, cuando la vida era mucho más agradable y simple.
Los de la mudanza llegaron a las once y tardaron nueve minutos en desmontar mi querida cama y arrojar las p