Él teléfono fijo sonó, y el identificador de llamadas me indicó que era Layla. Eliza levantó la vista, entregándome esa mirada jusgona, tan suya.
Descolgué el auricular pero me dirigí a ella.
—Es importante —susurré—. Mi mejor amiga está intentando alquilarme un apartamento por teléfono porque yo no puedo moverme de aquí…
Tres voces me atacaron al mismo tiempo. La de Eliza era comedida y serena.
«Yessica por favor», había empezado a decir en el mismísimo instante en que Lay aullaba «¡Nos av