GIANNA
—¿De verdad estás bien? La gente está diciendo tantas cosas, Gianna…
—Ya lo sé, Zoe… Vik, que digo, Su…
—Está bien, no tienes que mantener las formalidades. Somos amigas, ¿no? Su Majestad no me exiliará por escucharte llamarlo «Vik».
Era de tarde y, tras soltar una exhalación, me eché hacia atrás en mi cama, bueno, en la cama de Vik que me cedió mientras hacia su trabajo de oficina impostergable.
—Es verdad… —murmuré—. ¿Estás trabajando ahora? Bueno, qué digo, si es martes y apenas son l