37. Un jodido paro cardiaco
Jack consideró que esa noche no necesitaba guardaespaldas, salvo a Kiliam, que lo seguía a sol y a sombra sin importar lo que este le ordenara.
— ¿No tienes familia? — le preguntó desde el asiento del copiloto. Y eso no era algo que él no supiera, es que simplemente había pasado un tiempo desde que lo contrató y no estaba del todo seguro si su situación sentimental había cambiado con los años, aunque lo dudaba.
— No, señor — respondió el joven, al volante, que no cruzaba los veintisiete.
— ¿Y h