Cuando Alyssa cruzó la puerta de la salida hacia su libertad, ella agradeció a Dios porque muchas veces creyó que ella no saldría de esa maldita casa. Eros, Fernando y ella trotaron hacia el auto que los esperaba a unas millas de la mansión. El amanecer había caído hacía pocos minutos y ella podía imaginar a un impaciente Darío a través de la ventana polarizada. Fernando se apresuró hacia el asiento del copiloto, mientras abría la puerta para que Eros y Alyssa saltaran cuanto antes hacia los as