—Aly, sin importar qué, yo quiero que tú sepas que tienes opciones —sacudió su cabeza, haciendo que su cabello se agitara hacia todos lados—. Me refiero a que ahora eres libre, mi amor. Y yo no te voy a retener aquí. Tu deuda con mi padre fue saldada, y, así no lo hubiese sido, mi propósito nunca habría sido retenerte... si te quieres quedar, sabes que este lugar es tanto tuyo como mío. Pero si quieres ir a Catanzaro, a la casa de tu padre, a Rumania o cualquier maldito rincón del mundo, sabes