—¡Es Artem Anzola! —Gritó Elián, frenético, señalando con sus brazos en dirección al rubio. Cuando ni Eros ni Alyssa demostraron sorpresa o escándalo alguno, Elián lució consternado.
En la sala reinó el silencio unos segundos, donde Eros solamente se frotó la barba con su mano mientras miraba el suelo y luego a Artem con un ligero rostro entre alivio y apesadumbrado.
Tras esto, Elián bajó el arma en su mano y le hizo señas para que los soldados que habían escoltado a Artem salieran de la habita