Capítulo 38. Parte 1 – Distancia
Máximo:
Salgo de tribunales con la sensación de que el aire me pesa en los pulmones. No me detengo a mirar atrás ni a saludar a nadie; camino directo al aeropuerto, como si quedarme un segundo más en esta ciudad pudiera terminar de asfixiarme. No aviso a nadie de mi partida, con excepción de Mariano, mi secretaria y mi ama de llaves. No quiero preguntas, ni despedidas, ni miradas cargadas de lástima o curiosidad. Necesito huir, desaparecer por un tiempo, aunque sea una ilusión creer que la distancia puede borrar lo que llevo dentro.
Al llegar a la pista privada, me subo al jet sin pensar demasiado. La azafata me recibe con un saludo cordial, impecable, profesional. Asiento con un leve movimiento de cabeza y tomo asiento en uno de los sillones de cuero, amplio y cómodo, diseñado para hacer olvidar cualquier incomodidad terrenal. La observo mientras camina hacia la cabina del piloto para anunciar mi llegada; en cada paso, contonea sus caderas con una naturalidad tan sensual que me resul