Máximo:
Tengo unas mil llamadas perdidas de Maribel, de su padre, de números desconocidos y de Mariano. Pongo el celular en silencio y le digo a los empleados que no me pasen ninguna llamada; dejo la orden de que nadie entre a la mansión, a excepción de Mariano, que estoy seguro de que llegará en cualquier momento.
Me saco el tedioso traje de la boda y me pongo un bañador, dirigiéndome hacia la piscina. Me sumerjo en el agua, nado de un lado a otro, me hundo y vuelvo a la superficie. Después de un buen rato, veo a Mariano parado en la orilla; lo saludo con la mano y nado hacia donde está.
—Todos esperan en la iglesia a un novio que, por lo visto, jamás llegará.
—¿Quieres nadar? —pregunto, haciendo caso omiso a su comentari—. El agua está exquisita.
—¿No me dirás qué ha pasado?
—En los vestidores hay traje de baño —indico.
Mariano desaparece de mi vista. Diez minutos después aparece con traje de baño, se tira al agua, sale a la superficie y nada hacia mí.
—¿Ahora me dirás qué ha pasado