La noche había caído sobre la ciudad, y la luz de las farolas iluminaba las calles en una danza de sombras. Javier caminaba por su apartamento con pasos lentos, cada uno resonando en el espacio vacío que lo rodeaba. El silencio era opresivo, un reflejo de su propia mente. La confrontación con Alicia había sido inevitable, pero las consecuencias de sus decisiones aún flotaban en el aire, pesando más de lo que había anticipado. Mientras la ciudad seguía con su ritmo frenético, él estaba atrapado