La luz del día comenzaba a desvanecerse, tiñendo las calles de la ciudad de un color dorado y melancólico. Javier se encontraba solo en su despacho, la brisa ligera entrando por la ventana abierta. Su mente estaba llena de estrategias, decisiones y pensamientos que se entrelazaban en un caos controlado. Había llegado al límite. No podía seguir permitiendo que la traición se apoderara de su empresa ni de su vida. Estaba cansado de ser un peón en el juego de Sebastián, y sabía que el momento de c