Los días que siguieron a la conversación en la oficina de Sebastián se alargaron como si el tiempo mismo hubiera decidido tomarse un descanso. Emma, atrapada en su confusión, comenzó a notar que, a pesar de sus esfuerzos por seguir adelante con su trabajo y sus rutinas, algo había cambiado. Sebastián estaba presente en cada rincón de su mente, en cada reunión, en cada pausa. El hombre que antes veía como un reto a superar, una apuesta que quería ganar, ahora se había transformado en algo mucho