—Gracias —agradezco a pesar de que no quería cooperar.
Fue algo hipócrita, pero bueno, la tolero por Agustín.
—¿Querés que te esperemos? —me pregunta mi mejor amigo.
Yo veo a Lourdes quién parece salirle humo por las orejas de la furia y hago una mueca.
—Nah, mejor váyanse, no sé cuánto me tardaré.
—Vale, entonces hablamos mañana.
—Dale bro.
Me despido de él con una chocada de manos y de Lourdes m pido de lejos con un gesto con la cabeza. Guardo las cosas de Sam y mías en el auto, y lue