—Nuestro deber es protegerlos —responde uno de ellos.
—Es muy tarde para eso, ahora bájenlas. —Ellos resoplan su nariz y bajan las armas—. Muy bien, ahora suelta a Sam.
—Mmm no sé si Agustín quiera. —Ale lo ve con rapidez—. Te dije que estaría libre si tú estás conmigo, pero eso solo sucedería si yo la tuviera, pero la tiene Agustín.
—¡Eres una perra! —le grita Alessandro—. ¿Y tú? Mi mejor amigo, ¿no? Están dementes.
—Me encanta que me digas perra, me excita, ¿Nos vamos? —Lo toma del brazo y se