Extra 32: Un placer conocerte.
No lo pensé. Antes de que mi padre pudiera decir otra palabra para envenenar el aire, mis piernas me llevaron tras él. Corrí por el pasillo, mis tacones repiqueteando contra el mármol, hasta que lo vi en la entrada, con la mano ya en el pomo de la puerta.
—¡Frederick, espera! —grité y él me obedeció, se detuvo. Se volvió lentamente y su rostro no mostraba la rabia explosiva que yo esperaba, sino una seriedad fría y resignada que me cortó la respiración.
Esperaba gritos, esperaba una discusión