Capítulo 78: El monstruo hace aparición.
Le devolví el saco y entramos al interior del salón, donde los presentes seguían hablando animadamente.
Ya no había llanto, ni tristeza. No había una razón para llorar.
Esa gente no significaba nada para mí. Tal vez en algún punto los consideré “amistades”, pero era en un momento de ingenuidad que tuve en el pasado.
Fuimos a la mesa de aperitivos y tomamos algunos bocadillos.
—¿Tienes mucha hambre? —preguntó Frederick, viéndome con atención.
—Algo —Me limité a decir.
Observé a las persona