Podía escuchar aquella explosión retumbar en mis oídos. Me quedé estupefacta unos segundos, sin captar muy bien lo que estaba ocurriendo, hasta que el olor a metal quemado invadió mi nariz.
Me reincorporé de golpe y fui corriendo a la cocina.
—¡Esto no me puede estar ocurriendo de nuevo! —chillé, al ver el desastre que se había vuelto la cocina.
Había rastro de comida por todos lados; paredes, piso. Nada se había salvado. Pero lo más sorprendente, fue encontrarme la tapa de la olla, incrus