Las extremidades me pesaban y sentía la garganta seca. La última vez que tomé agua fue al anochecer.
La luz se filtraba a través de la ventana, dándome justo en los ojos.
Noté que mi cuerpo ya no sufría de escalofríos involuntario y mi costado, dolía mucho menos. Me encontraba relativamente mejor, pero no fui capaz de moverme de la cama, no por el dolor, no por la fiebre, sino por él.
Frederick estaba sentado en la butaca, viéndome con desinterés. Tenía las mangas de la camisa arremangadas h