Aparté mi mano de David como si su piel me quemara. Di unos pasos atrás, alejándome lo más que podía. Pero ya era muy tarde, me había visto.
Frederick avanzó con esa calma de depredador que lo caracterizaba, pero yo no era estúpida, había notado las venas que sobresalían de su cuello y lo tensa que estaba su mandíbula.
Me paralicé, aunque tampoco había mucho que pudiera hacer. No había a donde huir. Tal vez… si me arrojaba por la ventana del quinto piso. Creo que hay más chance de sobrevivir