Le eché un cúbito de azúcar a mi te, revolviéndolo con tranquilidad, fingiendo que no estaba nerviosa por esta reunión apresurada entre Frederick y Julián. Me sorprendió lo fácil que aceptó mi abogado este pequeño… Encuentro.
Frederick estaba detrás de su escritorio, con el ceño fruncido mientras leía unos papeles. Cualquiera pensaría que está leyendo algo delicado y de suma importancia, pero yo sabía que esa expresión era causada por nuestro futuro invitado.
Lo miré fijamente mientras que