Por lo que me estaba dando cuenta, el imbécil de Can nos asignó la suite presidencial. Él creía que mi única molestia era que su hija intentará matar a mi bebé, no se había percatado que el saldo a pagar era mucho mayor y no lo conseguiría con esta hermosa vista al lago.
Pero me encargaría de hacerle saber que se ganará mi perdón una vez que me permita ahogarlo en el lago.
Me mantuve de brazos cruzados, observando todo con gesto crítico. Todo era grande, ostentoso, llamativo. ¿Cómo un hombre p