••Narra Frederick••
El vehículo rugió como una bestia liberada, devorando el asfalto que separaba la mansión del hospital. Cada curva tomada con precisión quirúrgica, cada cambio brusco de marcha, era un desahogo para la furia contenida que hervía bajo mi piel.
Charlotte.
El mero nombre, el recuerdo de su sabor, de su rendición en mis brazos, de su posterior desafío gritando “¡Adelante!” cuando estaba a punto de borrar el mundo entero con ella… Era un cóctel explosivo. Pero Ana Cortés era la