La oscuridad de la habitación era densa, rota solo por la tenue luz de la luna que se filtraba entre las cortinas. Frederick dormía a mi lado, su respiración profunda y regular, un contraste brutal con el torbellino en mi mente y… en mi estómago.
Podía escuchar como mis tripas rugían con ferocidad, aunque mi exesposo al parecer, ignoraba por completo mi estado. ¿No escuchaba? Juraría que el sonido que emergía de mi interior podía despertar a toda la mansión.
Las emociones de la cena, la pelea