Capítulo 54
Maya
La habitación de la casa grande bullía con una energía que me hacía vibrar los dientes. No era el silencio sepulcral de un examen final en la universidad; esto era algo físico, un murmullo de voces femeninas que se superponían mientras mis manos no dejaban de temblar sobre mis muslos.
—Quieta, Maya. Si te mueves, la línea saldrá torcida y parecerás una cachorra jugando con barro —me reprendió Elina, una de las mujeres más hábiles de la manada en los rituales de adorno.
Estaba s