111.
RAQUEL
El silencio en la casa no es vacío.
Es suave.
Cálido.
Vivo.
Estoy sentada en el sofá, con Simón acomodado contra mi pecho mientras Sarah duerme a mi lado, envuelta en una manta que huele a leche y a hogar. La luz de la tarde se cuela por los ventanales, dibujando sombras tranquilas sobre el piso, y por un momento… todo se siente en su lugar.
Todo.
Bajo la mirada hacia ellos.
Mis hijos.
Aún me cuesta decirlo sin que algo dentro de mí se estremezca. No por duda… sino por la intensidad. Po