106.
MICHAEL
El volante permanece firme entre mis manos, pero soy consciente de que la tensión no proviene de la carretera sino de mí mismo, de todo lo que llevo acumulado en el pecho desde hace semanas y que hoy, por primera vez, parece encontrar una salida. Conduzco por la ciudad casi en automático, reconociendo calles, semáforos y edificios sin realmente verlos, porque mi mente está en otro lugar, en una habitación de hospital donde ella me está esperando, donde finalmente voy a recogerla para l