105.
RAQUEL
Un mes.
Un mes desde que abrí los ojos en aquella habitación blanca sin saber quién era, sin reconocer mi propio cuerpo, sin entender por qué el mundo se sentía tan ajeno.
Ahora camino.
Despacio, sí… pero camino.
Mis pasos todavía son cuidadosos, medidos, como si en cualquier momento pudiera perder el equilibrio. Pero ya no necesito que me sostengan todo el tiempo. Ya no dependo de máquinas ni de manos ajenas para moverme.
Respiro por mi cuenta.
Como por mi cuenta.
Vivo… por mi cuenta.