Ya en el salón, Isobel no pudo evitar dejar de lado su tristeza mientras disfrutaba la manera en la que los escoceses celebraban. Si bien era cierto que sus genes gritaban que era una inglesa, había nacido y crecido en Escocia, por lo que tenía tanto el estómago como los pies para sobrellevar la cantidad de cerveza artesanal y bailes que la ocasión ameritaba. Debido a que su repentina boda había despertado el interés de muchos, casi toda la nobleza de Edimburgo y los miembros más resaltantes de