Estaba sumamente cansado por la labor de conducir la carroza, puesto que también se había negado a ser acompañado por uno de los súbditos de su abuelo, pero no pudo evitar seguir el impulso de extender sus brazos al interior de la estructura de madera y envolver a la pelinegra con ellos. Isobel se quejó cuando Graham la alzó.
Graham no la escuchó.
─Graham ─insistió, agitando sus pies para que la bajara, pero incluso ese movimiento era débil y poco convincente. Se sentía sin fuerzas, derrotada,