A la mañana siguiente, desperté somnolienta, detesto las casas con ventanas que dejan entrar el sol en las mañanas, cegándome al abrir los ojos.
Me acomodé en la cama, deseando todo menos levantarme; anhelaba un día completo de descanso solo para mí, me siento agotada.
Espera...
—Mierda—murmuré, sentándome en la cama y cubriendo mis pechos desnudos con la cobija. Miré a mi lado y Eduard no estaba. ¿Cuánto tiempo dormí? Recordé que no estaba en mi apartamento, sino en el de mi jefe. Después de to