—¡Sandra! —Amanda me gritó, y di un respingo del susto.
—Loca demente, no grites así, no estoy sorda —gruñí, volviendo a la realidad.
—Te estamos hablando; desde que llegamos, estás rara —dijo Lilian, tomando un sorbo de su bebida. Estamos en la hora del almuerzo después de una jornada de trabajo, me siento cansada y mi cuerpo adolorido no me ayuda para nada.
Desde que salí del apartamento, he estado pensativa. Estaba más concentrada en el trabajo porque Eduard no está en la empresa. No sé dónde