Cuando me di cuenta, ya estaba sujeta a la cama, Eduard había usado su cinturón para atar mis muñecas, dejándome inmovilizada. ¿En serio? ¿Qué planea hacer?.
Su torso desnudo se encontraba frente a mí, mis ojos recorrían su esbelta y bien formada figura, fruto de su dedicación al ejercicio. Su piel blanca parecía aterciopelada, su cabello negro despeinado de manera perfecta, y sus ojos azules como el mar reflejaban poder, posesión y dominación. Su mirada cautivadora era capaz de atrapar presas c