Una vez, mi abuela me sorprendió con unas revistas que adquirió de paso en la calle. Cuando vi la primera imagen de portada, mis ojos se iluminaron. Ese hombre con un porte galán, guapo, ojos azules, rostro inexpresivo, mirada penetrante y, sobre todo, millonario, me cautivó. Tanto así que, cada vez que encontraba una revista con su portada, recortaba la imagen.
Era mi hombre ideal, lo admiraba profundamente, aunque nunca lo hubiera visto en persona. Era mi fantasía imposible.
Pero ahora, ese ho