Como sospechaba y como mi madre me advirtió, Megan se encontraba en la mansión junto a sus padres sin saber de su visita, lo cual la tomó por sorpresa. No tuve alternativa; ella me ató las manos, y recurrí a este medio para liberarme de esa atadura a la que intentaba forzarme.
Me presenté en el recibidor, y Megan apenas podía sostener mi mirada. Desconozco si era por vergüenza o porque me odiaba por haber llegado a este extremo.
Al principio me embargaba la culpa de estar con Sandra, también me