Después de la reunión, regresé a mi escritorio, y como era de esperar, el señor William se acercó, indicando que era hora de almorzar.
Lilian y Amanda se fueron sin mí, intercambiando miradas cómplices. Ni lo piensen, con el subjefe no.
Acompañé al señor William en su auto a un restaurante cercano. Al llegar, las miradas curiosas nos rodearon, dando la impresión de que éramos una pareja. Él, como subjefe de la ahora empresa Walton, y yo, conocida junto a Eduard.
Al ordenar, sentí incomodidad por