Antes de girar la perilla de la puerta, reflexioné, tratando de ocultar mi nerviosismo. No entiendo qué le sucede a Eduard, pero su mal humor me intimida un poco.
Finalmente, decido entrar. Lo encuentro revisando unos papeles. Al levantar la mirada y verme frente a su escritorio, me escudriña de arriba abajo, apartando los documentos a un lado.
Ahora su rostro carece de expresión, y me frustra no saber qué piensa o si su enojo está dirigido hacia mí por algo que haya hecho mal y le haya molestad