—Oye —dije, avanzando hacia ella—. Estoy buscando a...
Ella se giró y se marchó antes de que yo pudiera terminar. Sus pasos fueron rápidos mientras doblaba una esquina, desapareciendo.
—Ella sabe algo —gruñó mi lobo.
Efectivamente, lo sabía.
—¡Oye! —grité. Ignorando el jadeo de sorpresa de la recepcionista, corrí alrededor del mostrador y seguí a la mujer. Pude escuchar a la recepcionista llamando a seguridad detrás de mí, pero la ignoré.
La mujer estaba en el ascensor ahora, presionando e