En el momento en el que salimos por una de las ventanas de la iglesia, me siento más poderosa que nunca.
—¡Eres la p**a ama Ari! —exclama feliz María abrazándome efusivamente—, ¿Ahora qué? ¿De verdad vamos a ir a McDonald's?
—¡Claro que sí!
—¿También iremos a bailar?
—¿Recuerdas que la última vez te bebiste hasta el agua del florero?
María me mira sonrojada.
—Disfrutemos de nuestra salidita —Tomo las manos de María—. Sé que vivimos encerradas y todo eso, pero… aquí afuera no solo está el p