Helena se encontraba ocupada preparando el almuerzo en la cabaña cuando, de repente, dos guardias irrumpieron en la cabaña, arrastrando consigo a un pálido Jonás. La sorpresa y preocupación se reflejaron en el rostro de ella al ver la condición de su compañero de casa. Sin perder tiempo y con una expresión llena de inquietud, preguntó con urgencia mientras observaba cómo depositaban a Jonás en la cama.
—¿Qué ha sucedido? ¿Por qué lo traen así?
Los guardias, sin ofrecer una sola explicación, se