A la mañana siguiente, Danna despertó sintiéndose mejor. Se incorporó de las pieles en las que había dormido y acomodo ese espacio. Durante la noche, había percibido los aullidos de las bestias cercanas, pero en lugar de sentir miedo, su corazón latía con curiosidad. Se cuestionaba si su rescate por esas criaturas estaba vinculado a algún propósito de la diosa luna.
—¿Cómo amaneciste, mi niña? —preguntó la abuela.
—Bien, abuela. Voy a salir a recorrer el área.
La anciana se asustó, no quería pe