Danna continuó escuchando en silencio, mientras el siguiente hombre sudaba frío, carraspeo un poco para tomar valor.
—Bueno, yo... Yo caí en una trampa tendida por Iris. Me sedujo para que firmara unos documentos —comenzó con voz temblorosa, mirando con temor a la reina—. Le juro que no tenía idea de lo que se trataba. —Su rostro se tornó rojo por la vergüenza—. Cuando los firmé, ella estaba debajo de mis piernas, y entonces...
Sin embargo, antes de que pudiera continuar, la voz de Euclides lo