Después de visitar a Gina, Hécate se encontraba inquieta. No sabía si debía contarle a su nieta las barbaridades que estaban ocurriendo en la manada después de que ella se marchara. Durante el dominio de la reina, siempre había predominado el respeto entre la gente. Sin embargo, no sabía en qué momento los lobos salvajes dejaron de entrar en la manada, la gente se volvió irrespetuosa y dejó de ser amable con sus vecinos. Hécate esperaba con ansias que la gestión de Ares diera pronto sus frutos.