A finales de mes, se celebró la fiesta de compromiso entre Diego y Olga, tal como estaba planeado.
Esa noche, el salón se llenó de figuras importantes de Ríoalto: empresarios, políticos, celebridades. Todo el mundo quería estar ahí.
Olga, enfundada en un vestido exclusivo de alta costura, se movía entre los invitados como si flotara. Sonriente, segura, disfrutando cada mirada.
Cerca de Diego, sus amigos se reunían a su alrededor, levantando copas y palmeándole la espalda.
—¡Felicidades, hermano!