Capítulo 6

Siete años después.

Ariel silbaba la melodía de la ciudad perdida mientras se duchaba. El cabezal de la ducha lanzaba chorros de agua caliente sobre su cuerpo, tal como le gustaba, y suspiró con placer.

No podía creer que hubieran pasado siete años desde que se fue a Australia, y pronto estaría presentando sus últimos exámenes. Se preguntaba cómo sería volver a casa cuando regresara. Ariel no recordaba mucho de cuando era pequeña; al parecer, había tenido un accidente que afectó su memoria. Perdió a sus padres y fue acogida por Kane, quien se convirtió en su tutor.

Pero ahí terminaba todo; no tenían ningún vínculo cercano. Durante el tiempo que había estado allí, podía contar con los dedos de una mano las veces que él la había llamado. Sin embargo, no le molestaba demasiado; no necesitaba tener una buena relación con él mientras su cuenta nunca se quedara sin dinero. Pero todo lo que le faltaba de afecto paternal, Toby lo compensaba. Toby era como un rayo de sol, y hacía que no sintiera la ausencia de sus padres; siempre le estaría agradecida.

Su teléfono sonó con fuerza desde los altavoces del dormitorio, y ella hizo una mueca por el ruido. ¿A quién se le había ocurrido instalar altavoces en todas las habitaciones? Había olvidado apagar el Bluetooth.

—¿Qué? —contestó Ariel, sin ánimo de ser amable.

—¿Y esa actitud? —gruñó Claudia desde el altavoz. Claudia era su primera y única amiga en la universidad, y solo porque Ariel podía tolerarla.

De algún modo, Ariel no soportaba estar cerca de los humanos; siempre le parecían superficiales y la consideraban arrogante y grosera, así que nadie se acercaba a ella. Claudia, en cambio, era diferente; tenía la piel dura y era difícil herirla, así que no importaba lo que Ariel dijera, nunca se lo tomaba a pecho. Ariel terminó cansándose y aceptó ser su amiga, y ahora eran muy cercanas.

—Lo siento, estaba en la ducha y el ruido me asustó.

—Hmm —Ariel escuchó a Claudia, segura de que estaba haciendo puchero—. Solo llamaba para recordarte que nos vemos en la biblioteca para estudiar. Es nuestro último examen, y tenemos que hacerlo bien.

—Preocúpate por ti; yo sé que aprobaré, pero no puedo decir lo mismo de ti —Ariel sonrió mientras se frotaba la piel—. Ahora cuelga, necesito mi baño de belleza.

—Perra —gritó Claudia antes de colgar. Ariel negó con la cabeza y siguió silbando la melodía, moviendo las caderas al ritmo, cuando su teléfono volvió a sonar y suspiró.

—¿Qué demonios, Claudia? ¡Necesito mi baño de belleza! —gritó mientras respondía la llamada.

—Hmm mmm —La persona al otro lado carraspeó, y Ariel se quedó congelada—. ¿Así le hablas a tu tío favorito? —dijo una voz grave en tono burlón.

—¡Mierda, Toby! Lo siento mucho. Pensé que eras Claudia. Últimamente me está volviendo loca —respondió Ariel con un suspiro. El agua ya se estaba enfriando, así que se enjuogó por última vez y salió de la ducha.

Se envolvió en una toalla esponjosa y tomó otra para secarse el cabello con energía.

—¿Estabas en la ducha? —preguntó Toby, cuyos oídos sensibles habían captado el sonido del agua.

—Sí, me estaba preparando para ir a la biblioteca a estudiar para mis exámenes —dijo Ariel, mirando la ropa que había dejado sobre la cama. En su mente se veía bien, pero ahora sentía que faltaba algo.

—Vamos, es tu último examen. No será tan difícil —insistió Toby, cumpliendo su papel de tío divertido.

—Ojalá fuera así de fácil. Mis profesores están decididos a acabar conmigo. Pero hoy se acaba todo; prometo no leer nada más, ni siquiera un cartel, cuando obtenga este título.

—Ojalá pudiera identificarme, pero no.

Ariel puso los ojos en blanco. —Sí, sí, no presumas. ¿Cómo estás? ¿Y cómo está…? —No necesitó terminar la frase para que Toby entendiera. Aunque le gustaba negarlo, Ariel se preocupaba por Kane más de lo que admitía. Después de todo, él financiaba su estilo de vida; lo mínimo que podía hacer era desearle una larga vida.

—Está bien, y estoy seguro de que está deseando verte —respondió Toby con diversión. Aún no entendía por qué Kane se hacía el difícil. Eran compañeros, y algún día se verían; parecía que ese momento estaba cerca.

—Humph —resopló Ariel—. Lo dudo, pero en fin… ¿adivina qué? —diso con emoción.

—¿Qué? —respondió Toby igual de emocionado. Siempre disfrutaba hablar con ella; Ariel estaba llena de vida, muy diferente a la manada dominada por hombres. Aunque ahora había más mujeres, la mayoría seguía interesada solo en la guerra, el sexo y el alcohol.

—Vamos… —gimió Ariel—. Dije que adivinaras, no seas aguafiestas.

—Dame un respiro, he estado muy ocupado.

—Nunca me has dicho a qué te dedicas, Toby. Podría ayudarte a promocionarlo aquí, conseguir clientes internacionales…

—Ya te dije que trabajamos en transporte y distribución —repitió Toby la mentira que había inventado hace tiempo.

—¿Como una empresa de carga?

—Sí, algo así —Toby casi se ríe. Si distribuir armas contaba como carga, entonces sí lo era. Pero Ariel era inteligente, y necesitaba distraerla—. Ibas a decirme algo.

—Sí… —alargó Ariel—. Conocí a un chico, y creo que me gusta.

En cuanto terminó, escuchó lo que parecía un gruñido animal.

—¡¿Qué demonios?! —se sorprendió, casi soltando el teléfono—. ¿Toby? —llamó, pero solo escuchó interferencias—. ¿Toby? —gritó, intentando mantenerse calmada. Pero solo había ruidos y forcejeos… y de pronto la llamada se cortó.

—¿Qué diablos? —miró el teléfono, confundida.

Ningún humano podía hacer ese sonido, y Toby nunca haría algo así sin avisar. De repente, sintió miedo por él. Intentó llamarlo de nuevo, pero fue directo al buzón. Tras varios intentos fallidos, se rindió.

Miró el vestido que había dejado en la cama y cambió de opinión. Necesitaba algo más elegante. Eligió un vestido negro corto con mangas blancas. Se aplicó delineador y brillo labial, dejando sus labios más llenos que nunca, y asintió satisfecha. Ariel sabía que era hermosa, y no dudaba en lucirlo. Tenía buena genética y un metabolismo rápido, siempre había parecido una diosa incluso en la adolescencia, y además tenía el dinero para respaldarlo.

Miró la hora y tomó su bolso. Claudia llegaría en cualquier momento, y si se retrasaba, se quejaría todo el día. Y créeme, nadie quiere escuchar a Claudia quejarse. Tal como esperaba, escuchó la puerta abrirse y pasos acercándose.

—¿Qué pasó con tu coche? —preguntó Claudia, mascando chicle mientras se tiraba en la cama. Ariel frunció los labios.

—Levántate, vas a arrugar las sábanas con ese trasero, y mi coche está bien.

—Chica, ese no es el coche que usabas antes. Juraría que vi un Audi afuera.

—Oh, tenía una falla, y mi tutor decidió cambiarlo —dijo Ariel con indiferencia, y Claudia la miró boquiabierta.

—Chicaaa, ¿cómo lo conociste? Pregunta rápida: ¿tu tutor está disponible? Porque me interesa.

Ariel le lanzó una mirada fulminante, y Claudia levantó las manos.

—Era broma, vámonos, llegaremos tarde.

Por suerte, el examen fue lo suficientemente fácil incluso sin estudiar, y Ariel estaba feliz de haber terminado la universidad. Ya tenía un vuelo reservado en dos días, y no sabía cómo sentirse. Pero una cosa era segura: estaba lista para conocer a Kane.

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