—¡¡¡Kanneeeeee!!! —gritó Ariel por el dolor, dejando que su odio hacia él alimentara su deseo de sobrevivir.
No podía morir allí, no hasta haber conseguido su venganza, y para eso tenía que vivir. Tenía que sobrevivir a aquella transformación.
—¡¡¡Kanneee!!! —volvió a gritar, solo que las palabras fueron reemplazadas por gemidos incoherentes que no pudo identificar hasta que se convirtieron simplemente en gruñidos.
La experiencia fue de otro mundo porque, en ese momento, todo su cuerpo se había