—Está bien. —La loba aceptó a regañadientes después de haber considerado todas las opciones.
Ariel tenía razón en muchas cosas, y si iba a admitirlo, estaba cansada de estar sola.
Los lobos prosperaban mejor con sus compañeros humanos, y ella les había hecho una promesa a sus padres y a sus humanos de que cuidaría de Ariel.
Era hora de empezar a cumplir esa promesa.
—¡Sí! —gritó Ariel emocionada, levantando el puño en el aire—. Muchísimas gracias. Te prometo que no te arrepentirás de esto.
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