El Sr. Long, contestó el teléfono, era un hombre con una voz gruesa y tono sarcástico.
—Si diga, en que puedo ayudarlo.
—Ya habíamos hablado usted y yo, dígame, ¿está listo para retirar la mercancía acordada anteriormente?
—No sé de qué habla —acotó Edward, paseándose por la oficina un tanto preocupado.
—Pase por el sitio, esa es la dirección, recuerde llegar a la hora convenida. Sea puntual se le agradece, no debe perder tiempo.
—Mire señor, sin nombre, lamentablemente, no tengo que aceptar su