Edward Knoefel
El dolor latía por todo mi cuerpo. El yeso apretado me recordaba cada maldito segundo en el que fui golpeado, destrozado y arrastrado como un muñeco viejo por el jardín. La mano derecha estaba inutilizada, el torso parcialmente inmovilizado. Con cada respiración más profunda, una punzada me recordaba el precio que pagué por enfrentarme a Hunter. Pero lo que de verdad dolía… era el silencio.
Krystal conducía con los labios apretados y la mandíbula tensa. Rosalie iba en el asiento