Hunter Knoefel
Estaba impregnado de ella: de su olor, de su sabor, de su presencia. Una sola dosis de Maitê no era suficiente para mí. Intentaba contener mis pensamientos libidinosos para no asustarla, pero, mientras cenábamos, mi atención estaba atrapada en su boca. La imaginaba envolviendo mi polla con esos labios carnosos, llevándome al borde de la locura.
Mi mente no lograba apartarse de la idea de hacerla correrse hasta quedarse sin aliento, de hundirme dentro de ella y pasar la noche ente