Maitê Moreli
— Conocí a Edward de la forma que ya te conté, como si tú hubieras estado en su lugar. Fue hace poco más de un año. Él era amable, cariñoso… Recuerdo a mi madrina diciendo que los extranjeros, especialmente los estadounidenses, solo querían divertirse con latinas. Quizá por eso al principio me mostré un poco recelosa con él. Pero venía, al menos, un fin de semana al mes para estar conmigo.
— ¿Y no había nada más íntimo entre vosotros?
— No. Ya te lo expliqué… Se lo dije a él también: quería casarme con un hombre al que amara y solo así… solo después de eso tendría mi primera noche.
— ¿Y Edward aceptó? Debió enamorarse de verdad de ti. Mi hermano no es conocido precisamente por su generosidad ni por su paciencia. Continúa…
— Edward era atento, respetuoso, me llevaba a salir… hasta que me pidió matrimonio. Un tiempo después, mi madre enfermó. Yo me desesperé… No se encontraba un donante compatible y tampoco teníamos dinero para pagar la operación. Fue entonces cuando me dij